Excelentísimo Señor:
Cuando este gobierno descansaba en la rectitud de sus intenciones y le tranquilizaba la aprobación de las Cortes de España y de la Regencia, de los Ministros más provectos, y de la Nación misma: cuando observaba con placer las miras pacíficas y prudentes de V.E., podría hacerla vacilar sobre estas un conjunto de ocurrencias, que bastarían para alterar su concepto, si no estuviesen tan penetrados del crédito que debe a las seguridades que le ha dado su carta del 8 de diciembre del año próximo pasado, tiene por origen de la mayor parte de las calamidades de estos tiempos desgraciados, la precipitación con que se resuelve y la falta de generosidad con que se piensa, por eso huyendo de estos escollos y desdeñados de la seducción y apariencia procura un esclarecimiento que acaso parezca degradante a los que prefieren el falso pundonor, a la verdadera gloria de buscar a toda costa la verdad y evitar males a la humanidad, esperando de la razón y del bien entendido interés la imparcial decisión, y que se sofoque al nacer el germen de discordias que sólo producen desastres irreparables y animosidades ruinosas a todos, y en todos sentidos: y que careciendo de objeto y causa franquean un campo inmenso a las conjeturas y probabilidades de la desconfianza y la maledicencia. Leer el resto de esta entrada »
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