Javiera Carrera: el mito de la heroína

24 12 2008

La nueva edición del Archivo del General José Miguel Carrera reúne una colección de cartas y documentos relativos a la mayor de los legendarios hermanos. De su lectura, dice el compilador, se desprenden aspectos polémicos y contradictorios de quien ha sido consagrada como la “madre de la patria”

Cristóbal Peña

Armando Moreno Martín tiene 82 años y ha invertido los últimos 18 en la preparación del Archivo del General José Miguel Carrera. La tarea es ardua, a largo plazo, y consiste en reunir y editar toda la documentación relativa al prócer independentista y su familia. Ya entera 12 mil páginas publicadas en 31 tomos, pero recién con el último, que reprodujo el Diario Militar en que Carrera narra la gesta de la Patria Vieja, captó el interés de la prensa: el lanzamiento coincidió con la noticia de que Pinochet había devuelto al Ejército el original del mismo manuscrito.

Un mes después, Moreno Martín podría volver a experimentar un golpe publicitario. El tomo venidero de la colección está dedicado a Javiera Carrera, aparece a comienzos de noviembre y de la documentación ahí reunida se desprenden aspectos polémicos y contradictorios que desmitifican la figura de quien ha sido consagrada como “heroína de América” y “madre de la patria”.

“¿Heroína de qué?”, se pregunta suspicaz el compilador de los Papeles de Doña Javiera Carrera, descartando que la mayor de los Carrera Verdugo haya tenido algún rol significativo en el proceso de la Independencia del país. “Ninguno -subraya-, aparte de bordar una bandera e idear un plan que terminó con la muerte de dos de sus hermanos (Luis y Juan José)”.

Como ya se puede adivinar, el investigador de los Carrera no es carrerista. Pero tampoco o’higginiano. Aunque forma parte de los institutos que rinden culto a los principales líderes de la emancipación chilena, Moreno Martín toma distancia de camarillas intelectuales. Es miembro de la Academia Chilena de Historia y Geografía y ha trabajado al margen, y a veces de espaldas, de los descendientes de los Carrera. Sus fuentes han sido archivos de Chile, Argentina, Estados Unidos y España. Y a partir de la lectura de los cerca de 400 documentos reunidos en el tomo 32 de la colección, configura el perfil de una mujer “de carácter enérgico, dominante y egoísta. Cuando se le antojaba algo, usaba todos los medios a su alcance para conseguirlo”.

De los Papeles de Doña Javiera Carrera se desprende otra conclusión que sacará ronchas entre sus descendientes. En su exilio en Buenos Aires, Javiera Carrera, que había dejado en Chile a su marido y a cinco de sus seis hijos, mantuvo un amorío con un marino estadounidense. Se llamaba David Jewett, y según interpreta el investigador, habría prolongado la ya larga ausencia de Javiera Carrera en el país.

Relación epistolar

Aterrorizada por la represión que emprendió el Ejército Realista tras el Desastre de Rancagua (“pasan cuchillos a niños de pecho y sus infelices madres”), Javiera Carrera se ha reunido con sus hermanos en Los Andes y se dispone a cruzar la cordillera y refugiarse en Argentina. Su marido, el español Pedro Díaz de Valdés, está en Santiago y se entera de la huida por una carta de ella fechada en octubre de 1814. “Ahora tú me harás la justicia de creer que paso de dejarte a ti y a mis amados hijos, no por preferir otros a ustedes, como me has repetido con injusticia muchas veces, sino por la necesidad a que me obliga el destino… Estaré en Mendoza, de allí nos trataremos por la pluma hasta que veamos lo que te parezca mejor”.

A Díaz de Valdés, asturiano y ultrarreligioso, le parece que su mujer tiene que volver a la brevedad. “Mucho ha perjudicado, Xavierita, tu precipitada resolución de pasar la cordillera contra lo que teníamos dispuesto de común acuerdo”, se queja dos meses después, en una carta de respuesta. La aventaja por casi 20 años y ha quedado al cuidado de cinco niños, tres propios y dos del primer matrimonio de su mujer, y le ruega “cuanto antes facilitar tu viaje, pues yo no puedo avenirme a cuidar de todo”.

Aunque desde un comienzo los Carrera son hostigados en el exilio por O’Higgins y San Martín, ella nunca se allana a los ruegos de su marido. La lealtad está con sus hermanos y confía en que podrán organizar una ofensiva libertadora. Pero los planes se frustran, los plazos se extienden y las cartas se hacen cada vez más frías e infrecuentes. De un lado, ella acusa problemas de salud y un desastre financiero (“no tengo ni para comer, menos para pensar en viajes”); del otro, él pide redoblar los rezos y hace lo imposible por satisfacer sus demandas monetarias (“ya es indispensable pensar en la mayor economía, porque los empeños y obligaciones así lo exigen”).

Díaz de Valdés es un hombre muy manso e ingenuo, dice Moreno Martín, y se doblega ante el fuerte carácter de su esposa. El pide y ella exige. El se encomienda a la Virgen del Carmen, ella reclama acciones concretas. El le dice Xavierita; ella, Valdés.

El marino

La campaña libertadora reanima las ilusiones del esposo abandonado. “Querida Xavierita”, escribe en febrero de 1817, “basta de correr cortes cuando ya tienes paso franco para trasladarte al patrio suelo, mediante la completísima victoria ganada en Chacabuco por el Ejército Expedicionario de Los Andes… El señor don Bernardo O’Higgins fue ayer nombrado Director en aclamación, quedando el señor San Martín con la Comandancia General de Armas”.

Pero para ella uno no es don ni el otro señor, y le hace saber que mientras esté en el gobierno el primero, a quien llama “el guacho Riquelme”, no piensa regresar.

Según interpreta Moreno Marín, a partir de documentos encontrados en Estados Unidos y Buenos Aires, hay en esa época una razón más poderosa que la ancla a Argentina y que ha sido obviada por historiadores. Javiera Carrera se había enamorado del capitán de la Marina estadounidense David Jewett, a quien conoció a través de su hermano. La evidencia está en una carta que en 1818 envía el diplomático estadounidense David Porter a su compatriota y ex cónsul en Chile, Joel Robert Poinsset, donde pasa revista a algunos conocidos en común. “Según las últimas informaciones, (José Miguel Carrera) se hallaba en Montevideo, en grandes problemas; su mujer viviendo gracias a una famosa Sra. Clark, en Buenos Aires; su padre detenido en Santiago y su hermana viviendo en términos de intimidad con Jewett, en Buenos Aires”.

¿Cómo puede ser leído esto?, se interroga Moreno Martín. “Supongo que si Porter dice que Javiera está viviendo en términos de intimidad con Jewett no se refiere a que se lo pasaban todo el día jugando bridge o ajedrez”.

Nacido en Estados Unidos y cercano a José Miguel Carrera, quien en 1814 lo nombró comandante en jefe de la escuadra chilena, desde mediados de los años ’10 David Jewett pasó a prestar servicios para el gobierno argentino. Fue el primero en izar una bandera en las islas Malvinas y un poco antes había bautizado su nave como la Heroína de las Provincias Unidas, en honor a su amante chilena. Cuando en 1819 ella había sido detenida en Buenos Aires, fue el mismo Jewett quien le prestó auxilio y la ayudó a escapar a Montevideo.

“Vuestra amable hermana”, escribe Jewett a José Miguel Carrera en 1820, “está al mando de la Heroína de las Provincias Unidas, ella está bien y espera con impaciencia el momento de abrazarlo a usted”. El momento no llegará nunca. Un año después, el más influyente de los Carrera encontró la muerte en Mendoza.

La noticia de la ejecución desmoronó a su hermana, quien tres años antes, mientras residía en Buenos Aires, había instigado una aventura revolucionaria que terminó con la ejecución de sus hermanos Luis y Juan José. “Los dos siempre estuvieron sujetos a su férrea voluntad -opina el investigador-, pero nunca pudo dominar enteramente a José Miguel. Tanto así, que cuando ella idea el desatinado plan para derrocar a O’Higgins, plan que no tenía ni pies ni cabeza, no se lo comunicó a José Miguel ni a su padre. De seguro se habrían opuesto”.

El mito

Pedro Díaz de Valdés celebró como pocos la caída de O’Higgins, en 1823, y no precisamente porque fuera opositor. Ahora sí creía poder reunirse con su esposa. Pero ella lo hizo esperar todavía un año más, quejándose de “las intrigas que se arman para perjudicarme en la partición”.

Entre los documentos reunidos, Moreno Martín no encuentra ni uno que avale algún rol importante de ella en la gesta independentista. El mito, dice, está fundado en la biografía de Javiera Carrera que Benjamín Vicuña Mackenna publicó en 1862 a partir de testimonios y que luego ampliaron otros historiadores. Estos sostienen que la mayor de los Carrera participó activamente en la revolución de 1811 y que en el gobierno de su hermano José Miguel ofició de Primera Dama. Vicuña Mackenna va más allá y la llama “cabeza de bando” del clan familiar, especialmente por su intervención en la campaña contra las tropas realistas.

A la leyenda, agrega el investigador, han contribuido otro tanto los descendientes de los Carrera, que se calculan en 1.400. Moreno Martín no teme verse involucrado en una polémica con ellos. Dice que los documentos hablan por sí solos y que algunos de éstos ya han sido publicados en los tomos precedentes del Archivo Carrera, sin provocar reacciones. “Quién va a decir algo, si no los lee nadie”.

Fuente: La Tercera, 16/10/2005

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One response

1 09 2013
Crónicas de la Patria

Bieeen!!! había escuchado sobre esto hace un par de años atràs. 😉

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