Las Guerras de Independencia

12 02 2009

Muy pronto, el incipiente Estado chileno se vio puesto a prueba. El virrey del Perú, José Fernando Abascal, no podía seguir tolerando la evidente subversión de Chile. A comienzos de 1813, envió una pequeña fuerza operante bajo el mando del general de Brigada Antonio Pareja a Chiloé y Valdivia, cuyas guarniciones seguían siendo fieles a España. En cuestión de semanas, Pareja había reclutado un ejército de 2.000 hombres y ganado el control de gran parte de la provincia de Concepción. Comenzaron así una serie de guerras en las que, en gran medida, peleaban chilenos contra chilenos; sólo después, las fuerzas regulares españolas entraron a jugar un papel real. Hasta entonces la estrategia del virrey se centraba en el sur –fiel al rey- como base de sus operaciones.

Al enterarse de la invasión de Pareja, Carrera dejó el gobierno en manos de una nueva Junta y se dirigió inmediatamente hacia el sur, a Talca, para reunir a las fuerzas patriotas. La campaña inicial dejó en evidencia la desorganización tanto de los patriotas como de los realistas. El éxito de estos últimos en Yerbas Buenas (abril de 1813), la primera acción que superó una mera escaramuza, fue seguido por la intrascendente batalla de San Carlos. Mortalmente enfermo de neumonía, Pareja decidió concentrar sus fuerzas en Chillán y´pasar allí el invierno. Los patriotas sitiaron la ciudad, pero no lograron vencer al enemigo. La guerra pronto se estancó.

Sin embargo, a pesar de todo, sí se trataba de una guerra y sus efectos en la revolución criolla eran predecibles. Ahora, a los criollos les resultaba más difícil permanecer neutrales. Sus familias a veces se encontraban divididas. La mayoría de los españoles, aunque no todos, eran leales al rey. El comienzo de la guerra ciertamente contribuyó a reforzar la posición de los líderes patriotas en Santiago. Asimismo, la labor de Henríquez y de otros editores contribuyó considerablemente a la difusión de la ideología revolucionaria. Además, la creación de un nuevo Instituto Nacional (para la educación secundaria y superior) y de una nueva Biblioteca Nacional, fueron signos elocuentes de que el impulso reformador no cedía.

O'Higgins La nueva Junta (influida por los Larraín) empezó a criticar cada vez con mayor dureza los fracasos de Carrera en Chillán. En octubre de 1813, la Junta se trasladó a Talca y, poco después, nombró a Bernardo O’Higgins para suceder a Carrera como comandante en jefe. Antiguo aliado de Rozas, O’Higgins había peleado con valentía en la primera campaña, pero su ascenso, al cual Carrera se opuso brevemente, sólo aumentó las divisiones en las filas patriotas. El cambio de mando (1 de febrero de 1814) se produjo justo a tiempo. Una segunda fuerza operante realista, bajo las órdenes del general de Brigada Gabino Gainza, avanzó rápidamente rumbo norte hacia el Maule, pero las enardecidas tropas de O’Higgins, victoriosas en las acciones de El Quilo y Membrillar, detuvieron su avance hacia Santiago. En estas circunstancias, un oficial naval inglés, el capitán James Hillyar, con el evidente apoyo del virrey del Perú, se ofreció para mediar entre ambos bandos. El acuerdo resultante, el Tratado de Lircay (3 de mayo de 1814), garantizaba cierto grado de autonomía chilena dentro del Imperio español.

Carga de O'HigginsCon gran parte del sur todavía bajo el control de los realistas, la última cosa que los patriotas necesitaban era la discrepancia. No obstante, Carrera, brevemente encarcelado por los realistas, logró escapar, volvió a Santiago y derrocó el gobierno (julio de 1814). O’Higgins repudió el nuevo régimen y se produjeron algunos  encuentros esporádicos entre los dos ejércitos patriotas rivales. Mientras, llegó la noticia de que el virrey había rechazado el Tratado de Lircay y que una tercera expedición, bajo el mando del general Mariano Osorio, avanzaba hacia Santiago. La reconciliación con Carrera llegó demasiado tarde. O’Higgins decidió detenerse en Rancagua (80 kilómetros al sur de la capital) y ofrecer allí una desesperada resistencia. Fue una defensa feroz y heroica (1 y 2 de octubre de 1814), pero inútil: los refuerzos de Carrera no llegaron y O’Higgins tuvo que abrirse camino en retirada. Al ver desintegrados los ejércitos patriotas, el pánico se apoderó de la capital. O’Higgins, Carrera y unos 2.000 hombres huyeron por los altos pasos andinos para refugiarse en Argentina. Osorio entró triunfante en Santiago con el aplauso de la multitud y la gratitud de todos los criollos leales al rey.

Fuente: Collier, S. y Sater, W., Historia de Chile, 1808-1994, Cambridge, Cambridge University Press, 1999, pp. 42-44.

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One response

29 07 2009
tamara

oall es demasidoo buena la paginaa xauu

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