La Invasión de Pareja, según Camilo Henríquez

17 02 2009

En estos peligrosos instantes, la única fuerza con que podía contenerse esta invasión, era la que residía en la capital, formada por los ciudadanos Carreras, contra el gusto del pueblo, que la juzgaba innecesaria y opresora. Sin esta pequeña fuerza, el enemigo no hubiera hallado la menor oposición. Ella consistía en el batallón de granaderos de mediocre disciplina militar, y en la guardia nacional aun sin disciplina. Desde las primeras operaciones, se palpó la inutilidad de las decantadas milicias de caballería, siempre insubordinadas, prontas a dispersarse e incapaces de avanzar en las acciones. De la sorpresa de Yerbas Buenas no se sacaron las posibles ventajas por el desorden de las tropas y mala comportación de los oficiales subalternos, nulidad de las milicias y no haberse previsto las cosas de antemano. En la acción de San Carlos no fue menor el desorden de la tropa y mala comportación de los oficiales subalternos: el cuadro enemigo no pudo romperse. El enemigo se retiró precipitadamente a Chillán donde habría sido vencido si inmediatamente lo hubiéramos atacado, pues en San C. HenríquezCarlos se burló de la misma fuerza con que debíamos atacarlo. El general Carrera se dirigió a Concepción y Talcahuano, se apoderó de estas plazas y en seguida de los auxilios y oficiales que enviaba al enemigo el virrey de Lima Abascal. Parece que debimos nosotros haber ocupado y guarnecido la frontera, colocar los diferentes puestos militares en dirección de Santiago y dejar al enemigo encerrado en Chillán sin esperanza de ser auxiliado de parte alguna. No se hizo.

En este periodo la rapacidad de la tropa y su no enfrenada licencia, y la perversa comportación de algunos oficiales y milicianos, obstinaron con sus violencias y rapiñas los ánimos de los pueblos de Penco. El sitio de Chillán en el rigoroso invierno fue tan intempestivo como infeliz: sus resultados fueron pérdidas, atrasos y desalientos. Ya desde entonces llovieron en el gobierno y senado quejas y delaciones contra la conducta y calidades militares del general Carrera y acerca de la insubordinación de uno de sus hermanos. El enemigo por medio de libelos infamatorios esparcidos contra aquel general, difundió y avivó artificiosamente los recelos y la desunión. Algunos juzgan que fue imprudente haber separado a Carrera del generalato: no puede negarse que era el único hombre de genio y actividad que había, y es cierto que había reorganizado el ejército y acopiado los necesarios caudales, y que imperaba en el ánimo de las mejores tropas.

Fuente: Henríquez, C., Escritos políticos de Camilo Henríquez. Recopilación de Raúl Silva Castro, Santiago, Universidad de Chile, 1960, pp. 183-184. El texto aquí presentado fue escrito tras el desastre de Rancagua, entre los años 1814 y 1815, en Buenos Aires.

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