Correspondencia entre José de San Martín y José Miguel Carrera. Octubre de 1814

29 03 2009

Oficio de José de San Martín a José Miguel Carrera, relativo al registro de su equipaje. Mendoza, 16 de Octubre de 1814.

José de San MartínEl oficial comisionado por este gobierno del punto de Villavicencio me dice con fecha de ayer lo siguiente:

“A las 12 del día llegaron a este paraje los equipajes de los señores Carreras, quienes protestaron que serían sus equipajes hechos llamas, antes que permitir fuesen registrados”.

Se me hace muy duro de creer este proceder, pero en el caso de que así sea V.S.S. seguros no permitiré quede impune un atentado contra las leyes de este Estado y autoridad de este gobierno. El Ayudante Mayor de esta plaza entregará a V.S.S. este oficio, y don Andrés Escala, oficial de la contaduría va encargado de ejecutar el registro prevenido. Yo espero después de la llegada de V.S.S. a esta, una contestación terminante sobre este hecho.

Dios guarde a V.S.S. muchos años.- Mendoza, 16 de Octubre de 1814.- José de San Martín.

Señor Brigadier del Estado de Chile don José Miguel y don Juan José Carrera.

Contestación de José Miguel Carrera al oficio de San Martín. Mendoza, 17 de Octubre de 1814.

José Miguel CarreraDije verbalmente al ayudante de V.S. que equivocadamente se me oficiaba, amenazándome por haber atropellado las leyes del Estado, negándome al reconocimiento del equipaje; este fue conducido ayer a la Aduana después de muy registrado el de mi hermana; las llaves se perdieron en una carga de baúles que me robaron en el camino, y para que pueda remitírseme con la brevedad que exige mi desnudez, va para esa ciudad mi asistente José Conde, para que a su presencia se rompan las cerraduras.

Conozco mis deberes, es falso el hecho que V.S. expresa en su oficio y tanto más sensible la reconvención de V.S.

Dios guarde a V.S. muchos años.- Campo de Mendoza, 17 de octubre de 1814.- José Miguel de Carrera.

Al señor Gobernador don José San Martín.

Oficio de José de San Martín sobre auxilios a Chile. Mendoza, 11 de Octubre de 1814.

Excelentísimo Señor:

Se ha recibido el oficio de V.E. datado en la villa de Los Andes el 5 del corriente; este Gobierno lamenta la suerte de ese Estado, y hágale V.E. el honor de creerle que el no poder remitirle los auxilios que exige le da el mayor sentimiento. Sin embargo[,] en obsequio de la religiosa alianza que ha guardado con éste, ha dado ya todas las providencias para que no falten auxilios desde el fin de la cordillera, tanto a las tropas que puedan retirarse, en caso de una total derrota, cuanto a las desgraciadas familias que hayan emigrado; y no satisfecho con esto, parto personalmente a dictar las que juzgue conducentes a la seguridad de las marchas de aquellas, y defensa de esta
provincia.

A esta fecha han marchado ya sobre 1.000 mulas y víveres suficientes; se da alojamiento a los que van llegando sin recurso alguno, y no dude V.E. que hallarán en este virtuoso pueblo todos los recursos que les haga menos sensible la grave pérdida que han sufrido. He remitido con la celeridad que V.E. me encarga el oficio que para el Supremo Director de este Estado, se sirvió V.E. adjuntarme, y con la misma daré a V.E. el aviso de lo que resultare.

Dios guarde a V.E. muchos años.- Mendoza y Octubre 11 de 1814.- José de San Martín.


Oficio de José Miguel Carrera a José de San Martín, relativo a la situación del ejército chileno en Mendoza. 17 de Octubre de 1814.

Después del desgraciado suceso de Rancagua aún quedaban recursos y fuerzas en Chile para hacer la guerra contra los tiranos invasores y se dieron providencias para continuarla. Todo fue impedido por una porción de oficiales ignorantes, facciosos e ingratos a su país, que sólo pensaban en la fuga, en el saqueo y en la intriga, consiguiendo así la total dispersión de las tropas de mi mando. Desde aquel momento sólo traté de reunir algunas para proteger el paso de todas, el de los emigrados, y el de los intereses de aquel estado para que todo fuese útil en este. Un incesante trabajo me hizo verificar en parte mis intenciones y serían en el todo si no me hubiesen faltado los auxilios de cabalgaduras; pero el enemigo cargó con fuerzas muy superiores, destrozó nuestras guerrillas, y nos obligó a abandonar cuanto habíamos conducido hasta el pie de la cordillera, para salvar las vidas de una porción de hombres desarmados. El fruto de mis fatigas, de mis sacrificios y de mis rectas intenciones es muy ajeno de mis esperanzas. Apenas pisé este territorio cuando conocí que mi autoridad y mi empleo era atropellado: se daban órdenes a mis subalternos, y se hacía a mi vista y sin mi anuencia cuanto me era privativo; a mis oficiales se ofrecían sablazos, o rodeados de bayonetas eran bajados a la fuerza de unas miserables mulas que habían tomado en la marcha por absoluta necesidad; por último señor Gobernador no ha faltado insulto para apurar mi sufrimiento y para aumentar nuestras desgracias. Quiero que V.S. se sirva decirme cómo somos recibidos para arreglar mi conducta, hasta ahora me creo jefe de las tropas chilenas; creo que hasta no entenderme con el Gobierno Superior de estas provincias, nadie está facultado para alterar en lo menor. Yo debo saber lo que existe todavía del Ejército Restaurador, y de los intereses que he retirado pertenecientes en todo tiempo a Chile. Quiero conservar mi honor y espero que V.S. no se separe en nada de las leyes que deben regirle.

Dios guarde a V.S. muchos años.- Campo de Mendoza, 17 de Octubre de 1814.- José Miguel de Carrera.

Señor Gobernador de la provincia de Cuyo, don José San Martín.

Oficio de José de San Martín a José Miguel Carrera, respondiendo uno anterior. Mendoza, 17 de Octubre de 1814.

“Apenas pisé este territorio cuando conocí que mi autoridad y empleo era atropellado”. Me dice V.S. en su oficio de hoy; yo pregunto a V.S. de buena fe ¿si en un país extranjero hay más autoridad que las que el Gobierno y leyes del país constituyen? “Se daban órdenes a mis subalternos y se hacía a mi vista y sin mi anuencia cuanto me era privativo”. Nadie daba órdenes más que el Gobernador Intendente de esta provincia a mi llegada a Uspallata las repartí porque estaba en mi jurisdicción; una caterva de soldados dispersos cometían los mayores excesos, se saqueaban los víveres, y se tomaban con un desorden escandaloso lo recursos que remitía este gobierno para nuestros hermanos los emigrados; los robos eran multiplicados, y en ese estado mandé reunir a los soldados dispersos bajo las órdenes del General de Chile don Bernardo O’Higgins, y otros oficiales del mismo Estado. V.S. no se hallaba presente; y aun en este caso estaba en mi deber contener a una muchedumbre que se hallaba en la comprensión de mi mando. “A mis oficiales, se ofrecían balazos [sic] o rodeados de bayonetas eran bajados a la fuerza de unas miserables mulas que habían tomado en las marchas”. Se equivoca groseramente quien diga que a un oficial vestido con su uniforme se le haya hecho el menor vejamen, no digo a oficial, al último emigrado se le ha tratado con la consideración de hermano, y desafío a que se me presente el que haya sufrido semejante tratamiento. “Por último señor Gobernador no ha faltado insulto para apurar mi sufrimiento”. Yo estoy bien seguro que V.S. no ha tenido motivo de ejercitarlo desde que llegó a esta provincia. “Quiero que V.S. se sirva decirme cómo somos recibidos para arreglar mi conducta”. V.S. y demás individuos han sido recibidos como unos hermanos desgraciados, para los que se han empleado todos los medios posibles a fin de hacerles más llevadera su situación. “Hasta ahora me creo jefe del resto de las tropas chilenas”. Yo conozco a V.S. por jefe de estas tropas; pero bajo la autoridad del de esta provincia. “Yo debo saber lo que existe en el Ejército Restaurador”. Ninguna autoridad de esta provincia ha privado a V.S. aun de este conocimiento. “Quiero conservar mi honor y espero que no separe en nada de las leyes que deben regirlas”. Nadie ataca el honor de V.S. y yo me guardaré bien de separarme de las leyes que deben regirme, porque soy responsable de mis operaciones a un gobierno justo y equitativo, así como no permitiré que nadie se atreva a recomendarme mis deberes. Por último señor Brigadier, con esta fecha doy parte a mi Gobierno de lo ocurrido, el hará la justicia, que corresponda en vista de los antecedentes.

Dios guarde a V.S. muchos años. 17 de Octubre de 1814.- José de San Martín.

Al señor Brigadier don José Miguel de Carrera.

Oficio de José Miguel Carrera a José de San Martín en respuesta de uno anterior. Mendoza, 19 de Octubre de 1814.

Se habría concluido nuestra correspondencia con sólo el parte que V.S. me dice haber dado al Gobierno Supremo de estas Provincias (a quien yo también debo dirigir mis oficios sucesivos) si no deseara satisfacerme, y satisfacer a V.S. de algunas equivocaciones que noto en su papel que refuta el mío de ayer. Niega V.S. haber sido atropellada mi autoridad y empleo desde que pisé este territorio cuestionando. “Si en un país extranjero hay más autoridad que la que el gobierno y leyes constituyen”. Los países dejan de ser extranjeros cuando se unen por una mutua alianza. Tal ha sido la que constituyó hermano al Estado chileno de las Provincias del Río de la Plata. Así es que rendido cualesquiera de ambos dominios debía ser protegido por el que aun conservase su poder. En este debía aquel reunir sus fuerzas bajo las órdenes del oficial que hubiese nombrado jefe de ellas. No me aparto de que las facultades de V.S. lleguen a la de contener los desórdenes que cometieren algunos emigrados; pero le niego la de hacer generales de Chile a mis subalternos, en cuyo número está el Comandante de la 1ª división don Bernardo O’Higgins, igualmente la de mezclarse en el régimen interior y económico de las tropas que mando. Cuando el Supremo Director me conteste accediendo a ayudar la reconquista de Chile saldrán ellas unidas a las auxiliares. En el extremo opuesto quedarán todas exentas de servicio, o tomarán el destino que más les acomode, como que hasta ahora no conocen, ni han jurado más banderas que las chilenas. V.S. debe estar persuadido, y si no[,] crea por mi honor que nada perdió a Chile sino una gavilla de facciosos, empleada sólo y todo entera en paralizar las útiles y activas medidas de defensa que tomaba su justo y equitativo gobierno, haciéndolo emplear los momentos más preciosos, a las veces en escarmentar y de continuo en cortar prudentemente el vuelo de sus inicuas maquinaciones. Este fuego devastador del orden y tranquilidad públicas ha comenzado por desgracia a prender en el territorio de Mendoza. El Brigadier don Bernardo O’Higgins me desamparó en los Andes huyendo de aquel punto con todos los Dragones de la Frontera en circunstancias que yo me fatigaba para reunir la fuerza armada, cuando no para hacer una resistencia formal al menos para contener a los piratas, dando lugar a que pasasen la cordillera los caudales pertrechados, víveres e infinitas familias; todo lo que cayó en poder del enemigo por la cobardía de los que no supieron acreditar su honor. Sí también pisan este suelo varios oficiales (a quienes luego documentaré sus robos, y negra conducta en todos ramos) que se emplean en denigrar mi honor, a cuya delicadeza deben no haber sido descubiertos sus crímenes; no por lo que valen sus personas, si por no descubrir la mancha que echaron sobre la librea de su ejército. Estos son desórdenes, y el gobierno circunspecto que contuvo los de Uspallata remediará los del centro de su jurisdicción. V.S. asegura no haber ofrecido sablazos a ningún oficial, ni menos bajado por la fuerza alguno de la mula que había tomado en su marcha. Tenga V.S. la bondad de acordar el primero, y averiguar el segundo de los dos hechos que voy a apuntar. V.S. mismo amenazó al Sargento Mayor graduado don Juan José Benavente, de enseñarle política con su sable, sin otro motivo que no haberle [haberse] quitado el sombrero encontrándole sobre la marcha. Yo quiero persuadirme sucediere esto porque V.S. no le vio uniforme ni divisa; pero como ha de conciliar mi presunción con estas expresiones claras: “No digo a oficial, al último emigrado se ha tratado con la consideración de hermano”. Póngase a Benavente en aquella esfera merecerá esta atención. Quiero creer se portase V.S. de semejante modo por conservar la dignidad de su empleo. ¿Pero merecería hacerle entender con tal aspereza a un hombre, que ni conoce, ni tiene obligación de conocer al Gobernador de Mendoza? V.S. creyó muy bien que don Juan José no fuese oficial; pero don Juan José tampoco era precisado a pensar que el oficial que representaba V.S. fuese el Gobernador. He aquí la certeza de los sablazos ofrecidos. También el comandante del destacamento de Uspallata hizo por medio de las bayonetas apear de su mula al Capitán don Juan de Dios Ureta, sin que le valiese la recomendación y manifestación de su grado para dejar de seguir su camino con la montura al hombro. No ha faltado realmente insulto para apurar mis sufrimientos; de tal modo y tan evidentemente que se presentaron en Uspallata los confinados del [por el] Gobierno de Chile a este punto, sin más objeto que el de insultar [a] mi familia, y la de cuantos oficiales no han tenido más interés en la revolución, que la felicidad de su país, en lo que no sólo yo, sino todo el Estado a cuyo nombre gobernaba aquella autoridad ha sido hollado. No son tan escasos mis conocimientos para que me crea facultado a recomendar a V.S. sus deberes; pero el reclamo de mis agravios, jamás dejaré de hacerlo aunque ellos emanen del primer potentado del mundo, porque así como respetaré toda autoridad en sus límites, sabré también sostener el decoro de mi carácter.

Dios guarde a V.S. muchos años.- Mendoza, 18 de Octubre de 1814.- José Miguel de Carrera.

Señor Coronel don José San Martín.

Oficio de José de San Martín a José Miguel Carrera, relativo a su salida de Mendoza hacia San Luis. 19 de Octubre de 1814.

Respuesta de José Miguel Carrera al anterior. 20 de Octubre de 1814.

Consecuente a lo que V.S. me expuso verbalmente de querer pasar a la capital de estas Provincias, he creído ser conveniente la salida de V.S. no sólo por su seguridad propia, sino igualmente por la tranquilidad de este pueblo. La fermentación que noto entre los emigrados contra los individuos del Gobierno de Chile, que acaba de fenecer, me impele a adoptar la medida de que pase V.S. a la ciudad de San Luis a esperar órdenes superiores. Yo creo que V.S. no tendrá a mal un paso emanado sólo de mi buen deseo, seguridad de V.S. y necesidad de cortar cualquier trastorno que pudiera alterar el orden público.

Dios guarde a V.S. muchos años.- Mendoza, 19 de Octubre de 1814.- José de San Martín.

Señor Brigadier del Estado de Chile, don José Miguel de Carrera.

*** ***

Para contestar a V.S. el oficio preventivo de esperar en San Luis órdenes del Supremo Director de este Estado, tiró del bufete otro que extendía a solicitud de la oficialidad, tropa y emigrados que salieron de Chile con honor. Se habían quejado de que cuatro facciosos llenos de crímenes, sin conocimientos políticos ni reflexión representaban contra su conducta y delicadeza, por conseguir separar de sí los hombres a quienes deben responder de sus delitos y de los grandes daños que han sumergido el reino en su ruina. Si V.S. confinase a José Miguel de Carrera, yo expondría los derechos del hombre al alcance de las judicaturas, y el orden con que deben hacerse los juzgamientos; pero como el General del ejército de Chile, y encargado de su representación en el empleo de vocal del Gobierno, que dura mientras lo reconozcan los patriotas libres que me acompañan, y mientras hagamos al directorio de estas provincias la abdicación de armas y personas a que marchamos; sólo puedo contestar, que primero será descuartizarme y dejar yo de sostener los derechos de mi patria, la reputación de nuestros procedimientos, y el decoroso motivo que obligó nuestra retirada, y debe hacerla seguir en reposo y en libertad. Lleguen a su último punto las desgracias, sacrifíquense las vidas, mas no tenga yo la debilidad de faltar a la obligación que me impone el deber de la comisión de mi patria, que respeto en los mismos momentos que lloro su esclavización y su devastación. No nos hemos separado de Chile por falta de carácter, para envolvernos en las cenizas del país que nos produjo. Nosotros al evitar este sacrificio tan infructuoso como apetecido, cedimos a la razón que nos convence mejor remedio en el apoyo y protección de las provincias del Río de la Plata nuestras íntimas aliadas. Es muy fácil la reconquista de Chile durando los efectos de esta unión, y recibiendo sus hijos aquel generoso acogimiento que esperaban, y los entusiasmará a hacer con su sangre y sobre su territorio el triunfo de las armas de la Plata. Lo contrario, señor Gobernador, fomenta una disensión que si V.S. desprecia en la impotencia en que actualmente nos considera, no puede dejar de sentir en las resultas terribles que alcanzará seguramente si reflexiona las mudanzas del tiempo y la sucesión de las épocas. Yo no creo que V.S. ciña sus cálculos al momento ni que se deje sorprender de cuatro hombres desconsiderados.

Yo espero que me deje seguir libremente la marcha de las tropas de Chile para Buenos Aires a presentarse y disponerse bajo las órdenes de la capital de las provincias libres de este Estado, como ya solicité y me repite V.S. en su oficio de contestación. Si esta orden sólo es movida, como V.S. expresa, de su buen deseo y necesidad de evitar cualquier trastorno que pudiera alterar el orden público, sepárense de Mendoza los que dan motivo a tal temor: los que V.S. insinúa; los que arrojados anteriormente de Chile, no tienen representación cívica y los que no la merecen por su vergonzosa huida de la villa de Los Andes, que causó las pérdidas de la cordillera y casi hizo la total dispersión del ejército. No sean atropellados los hombres que en su conducta llevan la recomendación de su tratamiento; los que dejaron a aquellos ganar tiempo por proteger la emigración de muchas familias, y por no faltar a su honor, a pesar del riesgo de sus vidas. Los que no tienen un carácter público ni responsabilidad pueden afortunadamente llevar a cualquiera parte su liviano bulto. Yo aún no he entregado, ni tengo una nota de haberse recibido las armas y tropa que traigo; yo no debo dejarlas sino a la inmediación del Supremo Director de estas provincias. Se me arrastra a una retirada, yo no sé quién responda, ni quién nombre al que debe hacerse cargo de los intereses de Chile, que confío exclusivamente a su Gobierno, contra quien vienen los tiros y las órdenes; yo no sé quién tenga autoridad de aprovecharlo todo, aprovechando la ocasión que desampara al desgraciado. Dentro de muy pocos días experimentará V.S. en la conducta de los que violentan, o engañan sus sentimientos razonables la diferencia que hay de hombres a hombres. Chile conoce muy bien [a] los facciosos. El delincuente aborrece tener cerca al testigo de sus crímenes, al que se los perdonó por una generosidad acaso tachable; el delincuente sólo se atreve en traición, a escondidas y buscando asilo con engaño y con sorpresa. V.S. no tema por mi seguridad. Yo estoy cierto de que ninguno de los falaces que representan imposturas, tendrá jamás atrevimiento de arrojarse a mi persona. Todo evita, por último, la pronta marcha de las tropas que dispongo con toda brevedad. Mi ser me importa muy poco. Yo aborrezco mi existencia cuando no sea útil a la libertad de mi patria.

El generoso aprecio que me franquean los chilenos, su empeño porque presida sus empresas, su deferencia en mi adhesión a cuanto más le convenga y la satisfacción de que nunca he burlado su confianza, me obliga a sostenerme en el rango a que me elevaron. Nada más me mueve. No tengo otro interés ni otra dirección y advierto a V.S. que se desorganiza la división llegada de Chile: Que no hay tropa, que se acaba todo sistema de unión, que perece el orden, y que todo se destruye con perjuicio del país y descrédito de V.S, si la violencia me arrebata mi empleo y mi libertad. Bien podría exponer mil más razones contra la orden que creo va a enmendarse, V.S. las echará menos, más yo olvido los derechos de mi persona, cuando escribo como hombre público, y sólo me queda el recurso de repetirla, porque no me es permitido dejar precipitarse a los hombres, que se me encargan, cuando espero hacer su seguridad sin faltar a los deberes de su reputación que creyéndola ultrajada, les mueve a proponerme, repasar los Andes y envainarse en las bayonetas del tirano español, que causa sus desgracias, antes que sobrevivir a su abatimiento y a su deshonor.

Dios guarde a V.S. muchos años. Mendoza, Octubre 20 de 1814.- José Miguel de Carrera.

Señor Coronel don José de San Martín.

Fuente: Colección de historiadores y documentos relativos a la Independencia de Chile, Tomo XXIII, pp. 492-508.

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