Proceso seguido contra don Tomás de Figueroa, con motivo del motín del 1º de abril de 1811

10 04 2009

Auto Cabeza de Proceso

Por cuanto conviene da la causa pública y seguridad del Gobierno averiguar quienes hayan sido los autores causantes del tumulto causado el día de hoy, en que hizo cabeza el comandante don Tomás Figueroa, con quien hubiese liga o confederación y cuanto conduzca al esclarecimiento de tan gravísimo delito, para aplicar las más severas penas a los que resulten culpados, mandó S. S. levantar este auto cabeza de proceso, a cuyo tenor sean examinados los testigos sabedores del hecho, y lo firmó conmigo en esta ciudad de Santiago de Chile en 1º de Abril de 1811 –Juan Enrique Rosales.Dr. Marín, secretario.

Declaración de doña Concepción Chena

Incontinente, para la averiguación sumaria del delito relacionado, hizo S. S. comparecer a su presencia a doña Concepción Chena, de quien recibió juramento, que hizo por Dios Nuestro Señor y una señal de cruz, so cargo del cual prometió decir verdad de lo que supiere y le fuere preguntado; y siendo que diga dónde ha visto tratar estos días a don Tomás Figueroa, con quién y a qué horas, dijo: que ahora pocos días, en esta semana pasada, notó que don Tomás Figueroa estuvo en la esquina de la casa del señor coronel don Manuel Olaguer Feliú, tratando largo rato los dos solos, y que luego siguieron juntos por la calle. Que continuamente, Motín de Figueroacon ocasión de ser vecina del señor coronel, ve entrar y salir de su casa al citado Figueroa, y que la noche del día de ayer hubieron algunos que entraban y salían de dicha casa, según lo oyó a los alquiladores de los cuartos de la calle. Que la susodicha no lo vio porque estuvo dentro de su casa, y que nada más sabe en el particular que lo dicho, en que se afirma y ratifica bajo de juramento. Dice que es mayor de 25 años, y no firmó porque que dijo no saber; y lo firmó S. S. conmigo, de que doy fe -(Hay dos rúbricas).-Dr. Marín, secretario.

Declaración de don Antonio Guzmán

Incontinente, para el mismo objeto, hizo comparecer a su presencia a don Antonio Guzmán, portero del Tribunal de la Real Audiencia, a quien recibido juramento, que hizo por Dios Nuestro Señor y una señal de cruz, so cargo del cual prometió decir verdad de lo que supiere y le fuere preguntado, y siéndolo que si se halló presente cuando entró el comandante don Tomás Figueroa a dicho Tribunal y cual fue la conversación que allí tuvo, dijo: que habiendo entrado al Tribunal, después de solicitar permiso para ello, dijo a los señores que el pueblo quería se restituyese al antiguo Gobierno y que para ello traía su tropa, y supuesto que la Audiencia representaba y hacía el nombre del Soberano, le diese sus órdenes para proceder en defensa de la Religión y del Rey. Preguntado cual fue la resolución o respuesta del Tribunal, dijo: que había dicho que era preciso oficiar a la Junta y al Cabildo para ver lo que se determinaba. Que entonces Figueroa exigió porque se le diese alguna orden, y que la Audiencia le respondió que no podía hasta ver aquella resolución que se acordase, y saliéndose volvió a entrar a suplicar al Tribunal que si no lo llamarían cuando viniese la Junta, y se le dijo que se acordaría. Preguntósele si se le había dado por la Audiencia alguna orden por escrito, dijo que no, y si lo había presenciado todo, dijo que si y que esto era la verdad y cuanto hubo, so cargo del juramento, en que se afirmó y ratificó. Leída su declaración, la firmó con su S. S., de que doy fe. Antes de firmar agregó que la Audiencia le había suplicado que no hubiese novedad ni efusión alguna de sangre, y firmó.—Juan Enrique Rosales. -Pérez. -Antonio Basilio Guzmán. –Dr. Marín, secretario.

Declaración de don Toribio de la Cuadra

Incontinente, para el mismo efecto, hizo comparecer al portero de la Audiencia don Toribio Cuadra, y recibi6 su juramento, que hizo conforme a derecho, so cargo del cual prometió decir verdad de lo que supiere y le fuere preguntado, y siendo si se halló presente cuando entró en el Tribunal el comandante don Tomás Figueroa, y si oyó lo que dijo al Tribunal y lo que éste le contestó, dijo: que no pudo oír bien que cosa dijo Figueroa al Tribunal en orden a la tropa y Gobierno, porque se entretuvo conteniendo un tropel de gente que venía tras de él; que al Tribunal le siguieron, como diez poco más o menos, y uno de ellos con pistolas en las manos, que no conoció, ni puede asegurar si era oficial o paisano. Que el Tribunal le dijo fuese al Cabildo, que allí nada se podía hacer sobre aquel punto. Que Figueroa respondió que el Cabildo no estaba allí, que lo que él haría era en favor del Rey y de la Religión, pretendiendo guardar los Tribunales. Que en este estado la Audiencia contestó únicamente que pasaría oficio a la Junta para resolver, y que no hiciese novedad que corriese sangre. Preguntado si conoció a los que lo acompañaban, y principalmente al que llevaba armas, dijo que no, y que nada vio, oyó, ni supo en el particular. Y es cuanto sabe y la verdad, so cargo del juramento fecho, en que se afirmó y ratificó, leída su declaración y la firmó con S. S., de que doy fe.–(Hay una rúbrica del Juez).- Pérez.- Toribio de la Cuadra.- Dr. Marín, secretario.

Decreto de la Junta

El criminoso hecho que acaba de verse en el pueblo, comenzando por la sublevación de varios soldados de Dragones de Concepción, que desobedecieron las órdenes de su comandante don Juan Miguel de Benavente, hasta hacer armas contra él y contra el de la Asamblea don Juan de Dios Vial, en el día en que iba a juntarse todo el pueblo para el acto más serio de elegir sus representantes en el próximo Congreso, hizo entender al actual Gobierno una conspiración muy maquinada. Crecieron las sospechas cuando dentro de muy pocos momentos supo que toda la compañía se había apoderado del cuartel de San Pablo, diciendo que no se rendían, ni obedecían a ninguno, sino a su comandante don Tomás Figueroa; y que se les trajese a éste, al de artillería el señor don Francisco Javier Reina y al de ingenieros el señor don Manuel Olaguer Feliú; que ellos no querían Junta sino el Gobierno antiguo. Luego después ya se vieron realizadas las maniobras, viniendo tres de dichos soldados a presentarse a la Junta significando que, mientras no se repusiese en el mando al señor don Francisco Antonio García Carrasco, no se contenían. Y cuando se tomaban las medidas más activas para acallar el tumulto y la insurrección, se supo que el indicado Figueroa se presentó a la Plaza Mayor con toda la tropa sublevada y se condujo al Tribunal de la Real Audiencia con ellos, y que saliendo de allí mandó hacer fuego a las otras que guardaban aquellos puestos, de cuyas resultas quedaron algunos muertos y varios heridos hasta el número de trece. Siendo este delito el más grave que podía presentarse contra la Patria, la Religión y el Estado, se ha resuelto que a la mayor brevedad se examinen los testigos sabedores de los hechos, se averigüen los cómplices, y se aplique a todos el más severo escarmiento, comisionando para todo a1 señor vocal don Juan Enrique Rosales, con el asesor don Francisco Pérez y secretario don José Gregorio Argomedo.- Santiago, 1º de Abril de 1811–Plata.- Dr. Rozas. – Carrera.- Reina.-Rosales.-Argomedo.

Declaración de don Juan Miguel Benavente

Inmediatamente se mandó comparecer al teniente coronel de dragones don Juan Miguel Benavente, quien, en la forma de ordenanza, juró decir verdad en lo que se le preguntare; y leído el auto anterior, dijo: que habiendo recibido orden superior, comunicada por el comandante de Asamblea don Juan de Dios Vial, para guardar con cincuenta dragones de la Frontera la Plazuela del Consulado a donde iba a celebrarse la elección de representantes del pueblo para el Congreso del Reino, comenzó desde las cinco de la mañana a prevenirlos, y apenas se vieron formados, entre las seis y siete de la mañana, cuando le preguntaron que contra quién iban a pelear. Y habiéndoles expuesto que por la Patria y por el Rey Fernando, se convinieron elogiándole con vítores militares. Que puestos en la Plazuela del Consulado, pidieron que viniera a reunirse a ellos la compañía de infantería también de la Frontera, y que significándoles prudentemente que no se necesitaba ni era tiempo, se formó una reunión entre algunos, levantando la voz en tumulto, de que aquello era preciso y que se había de hacer. Que con este motivo se dirigió al que hacía cabeza de motín N. Sáez, y le dio unos dos cortos golpes para corregirle aquel exceso, que luego salió a defenderlo el soldado Eduardo Molina, diciéndole, ya juntos con los demás de la tropa, que se retirase, haciéndole el punto y que no querían que los mandase absolutamente nadie sino don Tomás Figueroa, y que se llamase allí. Que el comandante don Juan de Dios Vial, presenciando el lance, corrió a evitar el desorden y el mismo Molina le hizo también el punto, repitiéndole que se retirase, que ninguno los había de mandar, sino el dicho Figueroa. Que con esto comprendió alguna muy meditada insurrección, y creyendo acabarla, previno al capitán don Pedro Lagos, con acuerdo de don Juan de Dios Vial, que se retirase con aquella tropa a sus cuarteles de San Pablo, y se solicitase otra de los de Huérfanos. Que así se verificó; pero que apenas llegaron al cuartel cuando apoderándose de él no pudo dicho Lagos cumplir la orden reservada que se le había dado de desarmarla, porque rompiendo las puertas de los depósitos de pólvora, se amunicionaron más, pusieron guardias en las puertas y luego se les reunió don Tomás Figueroa, sin saber cómo, y se vino con ellos armados a la Plaza Mayor, se introdujo a la Real Audiencia y cuando salió de allí, ya don Juan de Dios estaba en dicha Plaza con parte de la tropa del batallón Granaderos, y viéndolo Figueroa, le dijo que allí nadie podía mandar sino él. Contestóle Vial que el mando estaba en la Junta, la que iba él a sostener con la Patria. Entonces Figueroa mandó romper el fuego a su tropa, al que le correspondió Vial, de cuyo hecho quedaron algunos muertos y heridos, cuyo número ignora. Huyó Figueroa y su tropa y aunque la de Vial quiso seguirles, pudo contenerles el empeño y prudencia de sus oficiales. Que Figueroa se refugió en Santo Domingo, de donde fue sacado por los señores vocales don Juan Martínez de Rozas, don Juan Enrique Rosales y algunos otros patriotas. Que no sabe si hay algún otro cómplice y que lo dicho es la verdad, en que se afirmó, leída que fue su declaración, que firmó. –Rosales. –Pérez. –Juan Miguel Benavente.

Declaración de don Juan de Dios Vial

A consecuencia, juró, en la forma de ordenanza, el comandante don Juan de Dios Vial, decir verdad en lo que se le preguntare, y siéndolo por el tenor del auto cabeza del proceso, dijo: que habiendo tenido orden de la Excma. Junta para cubrir la puerta del Consulado, mandó que viniese el capitán don Juan Miguel de Benavente con cincuenta dragones de su cuerpo, los mismos que conforme se formaron en dicha plazuela levantaron un tumulto diciendo que querían por Presidente a don Manuel Olaguer Feliú, don Francisco Javier de Reina o don Tomás Figueroa. Viendo yo esto me fui a ellos queriéndoles contener, y la contestación que obtuve fue que un soldado Molina se echó un fusil a la cara haciéndome la puntería y diciéndome que me quitara de ahí. Por esto mandé que se retirase dicha tropa a su cuartel, al mando del capitán don Pedro Lagos, quien volvió avisándome se había sublevado y no querían obedecer a nadie. De esto pasé inmediatamente a dar parte a la Excma. Junta, quien me mandó tomar el batallón de Granaderos para cubrir con él el parque de artillería, en donde obtuve nueva orden para venir con dicho batallón, dos cañones y parte de la artillería a la Plaza Mayor. Luego que me vi dentro de ella, mandé formar en batalla, cubriendo ambas alas con un cañón. Vi venir de enfrente de las puertas de la Audiencia al comandante don Tomás Figueroa, con una partida de más de doscientos hombres, compuesta de los dragones de la Frontera, la poca infantería del batallón y todo el cuerpo de dragones de Chile, sin oficiales. Se dirigió a mi don Tomás Figueroa y me dijo le entregase el mando de aquella tropa, que él era el único que mandaba. Le contesté no reconocía más autoridad que la de la Excma. Junta, y me volvió a decir que no mandaba nadie sino que éI. Le contesté no conocía mando en ningún pícaro; y echando mano a una de las pistolas que llevaba en la cintura, Figueroa, que vio esta acción, volvió la espalda y echó a correr, mandando a su tropa hacer fuego. Recibí la descarga de ellos, y mandé a los míos hacer fuego, de cuyas resultas vi caer unos cuantos en el suelo, de ambos lados, y echar a correr la tropa tras Figueroa, que cuando yo volví a mandar cargar, ya no encontré a quien volver a hacer fuego. Y es cuanto ha pasado y la verdad, so cargo del juramento que tiene hecho, en que se afirmó y ratificó, siéndole leída su declaración, a que nada tiene que añadir. Dice ser de edad de cincuenta años, y la firmó- Rosales.-Pérez.-Juan de Dios Vial.

Declaración de don Enrique Campino

En la misma hora fue llamado don Enrique Campino, teniente del batallón de Granaderos, quien, en la forma de ordenanza, juró decir verdad en lo que se le preguntare, y siéndolo al tenor del auto cabeza de proceso, dijo: que presenció todo el lance desde que don Tomás Figueroa llegó a la Plaza, que pasó en la misma forma que lo ha referido don Juan de Dios Vial, y añade que cuando le estaban poniendo grillos a don Tomás Figueroa, dijo que él no tenia la culpa, que procedía de orden superior; y que replicándole los que estaban presentes que cómo podía ser eso cuando no había más autoridad que la Junta, respondió que ello se sabría después; y que esta es la verdad, en que se afirmó; leída su declaración que firmó.-Rosales.-Pérez.- Enrique Campino.

Declaración del coronel don José Santiago Luco

Luego se le recibió, en la forma de ordenanza, su juramento al coronel del batallón de Granaderos don José Santiago Luco, quien ofreció decir verdad en lo que se le preguntase, y siéndolo al tenor del auto cabeza del proceso, dijo: que entró en la Plaza Mayor con parte de su batallón cuando se encontró con don Tomás Figueroa al frente de tropa armada en la puerta de la Audiencia, quien después de haberse adelantado hasta ocupar el medio de la Plaza con su tropa a marcha redoblada, dijo que la causa era una, que él estaba allí para defender la Religión y que por consiguiente debíamos unirnos, y le contestó al declarante que era muy cierto que en este particular estábamos unidos. Replicó dicho Figueroa que el mando de todas las tropas le correspondía a él como teniente coronel más antiguo. Repliqué yo entonces que iba a sostener las órdenes del Gobierno y que tenía entendido que él iba por la contraria a atropellarlas, y esta razón era bastante para que él mandase su cuerpo y yo el mío. Viendo esta negativa, se retiró a un lado, y un sargento que salió con él al frente hizo una señal para que nos hicieran fuego, y habiendo visto los de mi cuerpo esta acción, hicieron lo mismo, y en seguida hicieron fuego de una y otra parte, habiéndonos pillado en medio al teniente coronel don Juan de Dios Vial, sargento mayor, don Juan José Carrera y al declarante; y que esta es la verdad, a cargo de la palabra de honor que tiene prestada, en que se ratificó, leída que fue su declaración.- Rosales.-Pérez.-José Santiago Luco.

Declaración del capitán de artillería don Luis Carrera

Incontinente se hizo comparecer al capitán de artillería don Luis Carrera, que juró conforme a ordenanza deponer la verdad de lo que supiere sobre el auto cabeza de proceso, como que fue comisionado para la aprehensión del reo don Tomás Figueroa y dijo: que en aquel acto le oyó decir que él se vindicaría, pues no era solo, sino que había procedido con órdenes superiores; y que ratifica lo que ha visto por otras declaraciones, que es la verdad, so cargo del juramento hecho, en que se ratificó y la firmó.-Rosales.-Pérez.-Luis de Carrera.

Declaración de don José Joaquín Toro

Inmediatamente se hizo comparecer al teniente coronel de ejército don José Joaquín Toro, quien, en la forma de ordenanza, juró decir verdad en lo que se le preguntare, y siéndolo al tenor del auto cabeza de proceso, dijo: que ratifica las declaraciones de don Juan de Dios Vial y don José Santiago Luco, añadiendo que habiéndole mandado la Excelentísima Junta viniese á la Plaza y comunicase la orden a don Tomás Figueroa para que se mantuviera en ella, lo encontró que se hallaba dentro del Tribunal de la Real Audiencia; lo esperó que saliese, diole la orden, y volviendo a entrar al Tribunal, entre las cosas que dijo a los Oidores, le oyó “aquí está Figueroa” y no pudo oírle más; sino la contestación de los Oidores que le preguntaban: ¿qué dice el pueblo? y otras palabras sueltas de efusión de sangre; que volvió a salir el reo a mandar su tropa, y sucedieron los lances que se han declarado por otros. Que esta es la verdad, en que se afirmó, leída su declaración, en el citado día, mes y año.-Rosales.-Pérez.-José Joaquín de Toro.

Decreto

Santiago, 1º de Abril de 1811. -Luego tómesele su confesión al reo Tomás Figueroa, uniéndose a esta sumaria a las demás diligencias obradas en la materia del día, y sin perjuicio de adelantarse, contemplándose necesario; y agregándose el oficio de la Real Audiencia pasado hoy a la Junta.-Rosales. -Pérez.

Oficio de la Real Audiencia

Excmo. Señor.-En este momento, hallándose el Tribunal en su despacho ordinario, acaba de presentarse el teniente coronel de los Reales ejércitos y comandante de las tropas veteranas de Concepción, don Tomás de Figueroa, asociado de varios oficiales y parte del pueblo, exponiendo que se halla ocupando la Plaza al frente de su tropa, y que solo desea promover la causa del Rey, de la Nación y de la Patria, y que este Tribunal, como fiel depositario de una parte del poder de la soberanía, provea inmediatamente de remedio para evitar el sin número de males que los perturbadores del orden e inmoladores pretendían ocasionar, en inteligencia de que él trataba de evitar todo desorden y efusión de sangre. En tan criticas circunstancias, urge que por instantes se sirva V. E. pasar a este Tribunal, en unión con el Ilustre Cabildo, o donde V. E. determine, para que provea inmediatamente de remedio, consultando la tranquilidad de esta capital y Reino -Dios guarde A V. E. muchos años.-Santiago, 1º de Abril de 1811. -Juan Rodríguez Ballesteros. -José de Santiago Concha. -José Santiago de Aldunate. -Manuel de Irigoyen.- Excma. Junta Gubernativa del Reino.

Diligencias

Por el presente el teniente de Granaderos, doctor don Bernardo Vélez, pasará a la casa donde se halla enfermo y herido un cabo de la 4.ª compañía de dragones de Chile, y averiguar, con presencia de testigos, todo lo que condujere a esclarecer la causa de la sublevación del día de hoy en el cuartel de San Pablo y dará parte incontinente del resultado.- Santiago, 1º de Abril de 1811.-Luco.

Declaración de Agustín Muñoz

En 1º de Abril de 1811, en virtud de la orden que antecede, pasé a casa de Agustín Muñoz, a quien encontré en cama con un balazo en el hombro derecho, y habiéndole preguntado al tenor de lo que se me preceptúa, dijo: que cuando se retiró la guardia de dragones de Penco del Consulado al cuartel de San Pablo, estaba el cuerpo de don F. Guzmán haciendo el ejercicio, y el soldado Eduardo Molina les dijo que le siguiesen en su proyecto y que él quería que sirviesen a don Tomás Figueroa y don Manuel Olaguer Feliú, a lo que contestó don Lucas Melo que él iría a traer al primero, para lo que salió del cuartel. Que los soldados de dragones de Chile, se unieron a los de Penco con bala en boca, y ellos sin cartuchos, se unieron a los sublevados por Molina. Que a poco rato entró don Tomás Figueroa y les dijo que le acompañasen hasta morir por Fernando Séptimo y que estuviesen a su mando. Que mandó traer a los sargentos Pacheco y Loayza que no querían seguirle. Por último, que desde el momento en que Figueroa dio la voz, empezaron los de Penco a descerrajar puertas para sacar municiones, y habiendo repartido cartuchos, marcharon a la Plaza, en donde a la primera descarga se retiraron, dejando sus armas en su puesto el declarante. Y que esta es la verdad de lo ocurrido, so cargo del juramento fecho, en que se afirmó y ratificó, leída que le fue esta su declaración, que no firmó por no saber, haciendo una señal de cruz, como también los testigos que pude hallar, que fueron Simón Bustamante y Ascensio Venegas. Y para que conste, lo firmo en la misma casa en la fecha de arriba.-Dr. Bernardo de Vélez.- Como que presencié lo actuado, Santiago Bueras.

Decreto

Santiago, 1º de Abril de 1811.-Agréguese. -(Hay una rúbrica del Juez).-Argomedo, secretario.

Confesión de don Tomás de Figueroa

Tomás de Figueroa Inmediatamente se procedió a tomarle su confesión al reo de que se ha hablado en esta sumaria y habiendo jurado decir verdad en lo que se le preguntare, se le interrogó cómo se llama, de dónde es natural, qué estado, edad, calidad y ejercicio tiene y si sabe la causa de su prisión, y respondió llamarse Tomás de Figueroa, de la villa de Estepona, reino de Granada, de 64 para 65 años de edad, viudo, de calidad noble, comandante del batallón de infantería de la Concepción; y preguntado si sabía la causa de su prisión, dijo: que infería fuese por lo obrado esta mañana, que fue lo siguiente: Que estando en su casa acabado de poner un oficio para mandarlo a don Francisco Calderón, que viene con la tropa de infantería de la Frontera, por conducto del capitán don Ramón Jiménez Navia, a quien se lo pasó, entró poco después precipitadamente don Francisco Aldunate, diciéndole con seguridad que toda la tropa de Concepción, que se hallaba en San Pablo, se había sublevado, y que pasase inmediatamente a sujetarla. Que al momento se vistió y tomando un espadín, salió para dicho cuartel; que luego los soldados lo vieron, empezaron a gritar viva el Rey, la justicia y la Patria, y muera la Junta, y no queremos otro que nos mande sino Ud. Que entonces les dijo: vengan conmigo, yo los llevaré a la Junta, que os hará justicia, y saliendo con ellos se dirigió a la plazuela del Consulado, donde creyó estaba la Junta, y no encontrándola, se dirigió al Cabildo, y no encontrándole, se dirigió a la Audiencia, y haciéndole relación de lo sucedido, que queda declarado, le respondió el Tribunal que luego pasaría oficio a la Junta, con lo que se bajó a ponerse a la cabeza de su tropa; y advirtiendo el declarante que iba entrando a la Plaza el cuerpo de artillería con sus tres volantes por delante, se separó de la suya y se fue a indagar del capitán don Bernardo Montuel el origen de aquella novedad y porqué no venia a formar con la tropa de su mando, y no acordándose de la contestación que dicho Montuel le dio, dice que se le pregunte a él. Que entonces pasó delante a buscar al oficial que estaba a la cabeza de la artillería, a quien hizo la misma pregunta que a Montuel, y entre ellos don Juan de Dios Vial; que éste le contestó tal por cual y que no se separaba de su tropa, y que el confesante le añadió que él tampoco se separaba de la suya; y que si él era jefe, el confesante lo era de mayor graduación. Que volviéndose a su tropa, sintió una descarga general de los granaderos y de artilleros, y yendo a los suyos a mandarles que huyeran no se sabe si haría alguna descarga sin que se lo ordenase, y con esto se fue muy poco a poco a Santo Domingo, en donde se escondió porque le dijeron que iban a matarlo; que allí fue donde le prendieron, sin darle lugar a poner un oficio que había meditado sobre todo lo ocurrido para la Excelentísima Junta. Se le hicieron los cargos siguientes: 1º ¿Cómo dice que la tropa de Concepción era la que se suponía sublevada, y a la que iba con solo el objeto de apaciguar para que se le hiciese justicia; cuando consta del sumario que comandaba muchos dragones de la frontera y de esta capital? Responde que de su cuerpo vio pocos soldados, que los demás serian dragones de Concepción y de aquí. Se le preguntó que dijese qué justicia iban a pedir, y responde que ninguna, que iban a buscarla. Se le preguntó que para qué la buscaban, y responde que no sabe. Se le replicó que por qué siendo comandante de infantería y viendo pocos soldados de este cuerpo, mandó a tantos de cuerpos ajenos, y responde que porque lo proclamaron para su comandante y para que les defendiese sus derechos; se le volvió a replicar que ¿por qué antes de ir a San Pablo, o antes de sacar la tropa del cuartel y comandaría, no pidió licencia al Gobierno? Y responde, que siendo la primera obligación de todo oficial cuando sabe o se le avisa de alguna revolución de tropa, que inmediatamente proceda el oficial la pacificación de ella. Se le instó otra vez, que ¿por qué después de cerciorado del tumulto, tuvo por mejor sacar toda aquella tropa armada y tumultuada y no avisar primero al Gobierno antes de salir con ella? Y dice que por temor de que no lo matasen, y porque concibió que aquel era el mejor arbitrio de apaciguarla. Se preguntó, si antes de aquella resolución, la consultó con la tropa, si le hicieron algunas amenazas, y les propuso otros arbitrios por donde pudiese concebir los temores que indica de que lo matasen si no salía con ellos? Y responde que no tuvo más recurso que sacarlos para conducirlos a la Junta a que se les hiciese justicia, que no les propuso otros arbitrios, ni le hicieron amenaza alguna. Lo 2º ¿qué cómo ha dicho que el principio de aquella sublevación fue gritando: ¡Viva el Rey, la Justicia y la Patria! Cuando del sumario consta: lo primero, que ellos proclamaban otro Gobierno, y lo segundo, que como contemplaba de justicia faltar u oponerse a las órdenes del que los mandaba por disposición de la autoridad superior? Responde, que sobre lo primero del Gobierno nada les oyó, y sobre lo segundo, que lo ignoraba. Se le replicó, ¿qué cómo lo ignoraba cuando debe saber que toda tropa de ajenos cuerpos debe tener por ordenanza sus jefes propios dados por el Gobierno, y que ningún otro los mande, sino el jefe designado por la Superioridad? Y responde que está autorizado para hacerlo siempre que la tropa esté sublevada, aunque sus oficiales y Gobierno estén en la capital. Lo 3º se le hace cargo que como confiesa que solo trataba que el comandante de la artillería se uniese a su cuerpo, cuando del sumario resulta que pedía el concurso de todas las tropas, y que contestándole el jefe que tenían a la cabeza que no reconocía más autoridad que la de la Excma. Junta, le respondió que no mandaba nadie sino él. Y responde que se refiere a lo que tiene dicho. Y hácesele el cargo que como dice que luego que volvió la espalda le hicieron fuego los artilleros o granaderos, sin que su cuerpo los hubiese provocado, dando por el contrario órdenes para que huyesen, cuando del sumario resulta que él mandó hacer fuego a su cuerpo, en circunstancias que los otros ni presentadas tenían las armas, y que así, estando convencido por testigos fidedignos, diga la verdad y no falte tenazmente a la religión del juramento. Y responde que es falso el cargo, y se refiere a lo que tiene dicho. Se le replicó que cómo está faltando a la verdad, cuando también aparece del sumario que públicamente un sargento, mientras él estaba hablando, dio una señal para que se preparasen las armas, y de facto las prepararon e hicieron fuego al momento. Y responde que es falso y falsísimo el cargo. Lo 4º se le hace cargo que cómo ha dicho que su intenci6n fue dirigirse a la Junta cuando salió de San Pablo, y se dirigió a la Audiencia. Responde que se vino al Consulado, creyendo hallar allí a la Junta, y que no habiéndola encontrado, se dirigió al Cabildo, y que no estando éste en su Sala, se fue a la Audiencia, y que a la salida se encontró con don Rafael Sota, quien le dio un recado que no tiene presente, y que solo se acuerda que le nombró a1 señor Rozas, y que le contestó que le dijese a dicho señor que el confesante caminaba con sus ideas, y que trató entonces de encaminarse a la Junta, que supo estaba formada en la casa del señor Plata; pero que no pudo consumar su marcha, por la tropa que había formada en la Plaza. Se le replicó que cómo asienta que su primera intención fue dirigirse a la Junta, cuando ahora dice que esto trató de hacerlo después de salir de la Audiencia y de haber estado allí. Y responde, que no sabia dónde estaba la Junta. Se le volvió a replicar que cómo no sabía cuando pudo irse solo con don Rafael Sota, que ha confesado que le dio recado del señor Rozas. Y responde, que porque concibió que toda la tropa estaba armada a una misma causa. Se le instó que cómo dice esto cuando también antes ha confesado que la causa de la suya era pedir justicia. Y responde que es cierto, que así lo creyó, porque se ha dicho en la ciudad que todas las tropas se excusaban de ir a Buenos Aires y las creía unidas para no ir a Buenos Aires. Se le volvió a instar que por qué respondió al señor Rozas que sus ideas eran unas con las del confesante, cuando debe saber que mandaba una tropa tumultuada. Y responde que solo eran tumultuarias porque habían faltado a la obediencia a sus oficiales. Se le amonestó que dijese la verdad, que también constaba del sumario, que habiendo recibido un recado de la Junta, por el teniente coronel don Joaquín Toro, después de haber salido de la Audiencia, no le hizo caso y volvió a entrar a consultar con el Tribunal. Y responde que no se acuerda de haber recibido recado por don Joaquín Toro; pero que si es verdad que entró segunda vez al Tribunal, a sólo decir a aquellos señores que aguardaba la contestación del oficio que se le había insinuado iba a pasar dicho Tribunal a la Junta. Se le replicó que ¿cómo ha dicho tantas veces que su intención era dirigirse a la Junta y ahora responde que se quedaba allí aguardando la respuesta de ella al Tribunal? Y responde, que esto nada quiere decir, porque no podía atender a tantas cosas como estaban a la vista. Se le preguntó ¿si cuando sacó la tropa a la Plaza y dijo esto al Tribunal, sabía si estaban ya en la Plaza otras tropas? Y responde que no lo sabia. Se le volvió a instar que si su intención era entenderse con la Junta y no con el Tribunal y si aún no sabia que habían tropas que le impidiesen ir a la Junta, por qué protestó esperar allí la respuesta. Y responde que porque ignoraba donde estuviese la Junta. Se le volvió a instar que cómo lo ignoraba, cuando dice que la Audiencia iba a pasarle oficio a la Junta, y cuando ya también había recibido el recado de don Joaquín, antes de la segunda entrada al Tribunal. Y responde que no se acuerda. Se le preguntó que con qué motivo dijo al Tribunal estas palabras: Aquí está Figueroa. Y responde que lo dijo para defender los derechos del Rey, de la Religión y Patria y de la Junta. Se le preguntó que a qué fin se terminaban ciertas palabras que se le oyeron afuera de las que se hablaban dentro del Tribunal, que decían efusión de sangre. Y responde que es falso. Se le preguntó que dijese todo lo que había dicho al Tribunal cuando entró la primera y segunda vez. Y responde que lo que dijo al Tribunal es lo mismo que tiene confesado al principio. Hácesele cargo que cómo dice que eso sólo dijo al Tribunal, cuando del oficio de fs … (cuyo primer capítulo se le leyó) consta lo que allí alegó. Y responde que no habiendo podido encontrarse con la Excma. Junta, a quien se dirigió desde sus primeros principios de la salida del cuartel, ni tampoco con el Cabildo, a quien solicitó, hubo de entrar a dicho Tribunal solo con el objeto de informar a la dicha Real Audiencia, del acaecimiento de la tropa, y pues me contestaron que iba a pasar oficio a la Excma. Junta, les añadí que aguardaba con mi tropa la contestación. En este estado se le preguntó que respondiese por partes y categóricamente si se había presentado al Tribunal asociado de varios oficiales. Responde que con ninguno. Si con parte del pueblo. Responde que tampoco. Que si había dicho que solo deseaba promover la causa del Rey, de la Nación y de la Patria. Responde que no se acuerda. Que si ocurría al Tribunal para que inmediatamente proveyese de remedio para evitar el sinnúmero de males que los perturbadores del orden e innovadores pretendían ocasionar. Responde que no se acuerda, y que solo ocurrió a la Audiencia por necesidad. Se le hizo cargo si al tiempo de prenderlo, dijo en el mismo acto que él se vindicaría, pues no era sólo , sino que había procedido con orden de personas superiores. Responde que es falso el cargo. Replícasele que cómo decía que era falso el cargo, cuando al tiempo mismo que le estaban poniendo los grillos, dijo, en presencia de todos los que allí se hallaban, que él no tenía la culpa, que procedía de orden superior. Responde que también es falso. Hízole cargo que cómo dice que es falso, cuando en aquel mismo momento se le replicó que cómo pudo proceder de orden superior, cuando no había más autoridad que la Junta, y respondió que ello se sabría después. Y respondió que todo es falso. Hácesele cargo que cómo niega la verdad y unos hechos de que está convencido por testigos fidedignos. Y responde que es falso; y se ratifica en lo que tiene dicho y confesado. Y aunque se le hicieron otras varias preguntas y repreguntas, dijo que nada mis tenía que añadir, ni confesar que lo expuesto, en que se afirmó y ratificó, leída su confesión. Y no firmó porque dijo no poder por las prisiones que tiene en las manos; y lo hizo a su ruego.-A ruego del reo, Gregorio de Echagüe. -Pérez. -Argomedo, secretario

Sentencia de la Junta

Vistos estos autos criminales seguidos contra don Tomás Figueroa, por los gravísimos delitos de insurrección contra el actual Gobierno, de haber conspirado con las tropas de Concepción y otros soldados de los cuerpos de esta capital, y haber hecho fuego a otros que se hallaban guardando la Plaza Mayor de esta ciudad por orden de esta Junta, dijeron los señores que la componen que debían declararle por traidor a su Patria y al Gobierno; y en su virtud le condenaban a la pena ordinaria de muerte, pasándole por las armas dentro de la misma prisión en que se halla, para evitar alguna conmoción particular en las actuales circunstancias; presentándose después el cadáver al público para el debido escarmiento y satisfacción de la causa común, dándosele antes cuatro horas de término para sus disposiciones cristianas y con el consuelo de que elija el religioso o sacerdote que sea de su satisfacción. Hágasele saber a esta misma hora y ejecútesele sin embargo de recurso alguno, y con la calidad de sin embargo. -Fernando Márquez de la Plata. -Dr. Juan Martínez de Rozas.-Ignacio de Carrera.-Francisco Javier de Reina.-Juan Enrique Rosales. -Francisco Antonio Pérez.-José Gregorio de Argomedo, secretario.

Notificación

A las doce de la noche de este día notifiqué con el Teniente Coronel y Mayor de la Plaza, el auto anterior al reo Tomás Figueroa, poniéndole al Padre de la Buena Muerte, Fray Camilo Henríquez, para que le auxiliara, de que certifico.-José Gregorio Argomedo, secretario.

Certificado de la Ejecución

A las cuatro de la mañana del día dos de Abril se ejecutó la sentencia pronunciada contra Tomás Figueroa, y se expuso su cadáver a la vergüenza pública.-Así lo certifico.

Fuente: Colección de Historiadores y de documentos relativos a la Independencia de Chile, Tomo XIX, Santiago, Imprenta Cervantes, 1911, pp. 235-262.

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