Noticia: Bases para la creación del Instituto Nacional de Chile

9 05 2009

P L A N

De organización del Instituto Nacional de Chile, escuela central y normal para la difusión y adelantamiento de los conocimientos útiles.

POR EL EDITOR.

El primer cuidado de los Legisladores ha de ser la educación de la juventud, sin la cual no florecen los Estados.

La educación debe acomodarse a la naturaleza del gobierno, y al espíritu, y necesidades de la republica.

Aristot. de rep. l.s.

PRIMERA PARTE.

Objeto del Instituto.

EL gran fin del instituto es dar a la patria ciudadanos, que la defiendan, la dirijan, la hagan florecer, y le den honor.

PROSPECTO DE LAS CLASES.

Clase primera Ciencias Matemáticas y Físicas.

Matemática pura, y su aplicación a la Arquitectura militar. Matemática mixta. Física particular, o ciencia de los cuerpos en particular.

Esta clase exige tres profesores.

Clase segunda ciencias morales.

Esta clase comprende la ciencia social, el derecho constitucional, los principios de la moral, y de la legislación, la economía política, y la historia de las leyes, revoluciones, engrandecimiento, y decadencia de las naciones.

Puede servirse por un profesor.

Clase tercera Lenguas y Literatura.

Gramática Castellana. Traducción de lengua Francesa. Traducción de lengua Inglesa. Principios de elocuencia, poesía, y crítica.

Puede servirse por los dos profesores, y aun por uno.

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Fundación del Instituto Nacional

16 03 2009

Desde años tempranos algunos juntistas y separatistas comenzaron, en sus discursos y escritos, a hacer notar las carencias de estudios prácticos y profesionales. Las críticas fueron mordaces, culpaban a la Corona española y a la Inquisición de haber mantenido a sus posesiones, privadas de los avances de la ciencia y de la cultura, en lo que llamaban una época de "oscurantismo colonial". Insistían en la urgencia de cambiar la situación y en la necesidad de reformar, con un nuevo espíritu, el sistema de educación del país.

Juan Egaña Esta inspiración fue la que movió a algunas personas, al propio Salas, a Camilo Henríquez y principalmente a Juan Egaña, a idear la creación de un único establecimiento de enseñanza y de cultivo de las "ciencias útiles", por medio de la unión de los establecimientos que existían y principalmente de sus bienes y rentas, ya que cada uno tenía autonomía económica como propietario de sus bienes y libertad en su manejo. Un expediente con todos los proyectos planteados se siguió ante el congreso de 1811, pero éste no alcanzó a decidir su realización, pues en diciembre de ese año fue suprimido por el golpe militar de Carrera. Juan Egaña, por su parte, esbozó de nuevo un plan basado en los mismos principios. Tras él se advierte la lucha, que conocemos, en contra de la Universidad desinteresada que entendía que la práctica que llevaba en concreto a las profesiones no era asunto universitario, por laudable que fuese y a la que estaba bien dispuesta a colaborar como hemos visto en las modernizaciones de la segunda mitad del siglo XVIII.

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La escuela en la Patria Vieja

2 03 2009

Embrionaria por demás era la educación escolar en aquel pasado tiempo; la que se daba a la mujer se reducía a leer, a escribir i a rezar; la del hombre que no aspiraba ni a la iglesia ni a la toga, a leer con sonsonete, a escribir sin gramática, i a saber de saltado la tabla de multiplicar, con aquello de fuera de los nueves. Olvidábaseme decir que el alfabeto tenia una letra mas de las que ahora tiene, la cruz de Malta, que precedía a la letra A, i que se llamaba Cristus.

Edificio antiguo del Instituto Nacional Nuestras escuelas de hombres, donde concurríamos niñitos hasta de 17 años de edad, todos de chaquetas i mal traídos, no por falta de recursos, sino por sobrado desastrosos, a pesar del látigo i del mango del plumero manejados con bastante destreza por nuestros graves antecesores, se reducían a un largo salón partido de por medio por una mesa angosta que dividía a los educandos en dos bandas, para que pudiesen mejor disputarse la palma del saber. Uno de los costados de la mesa llevaba el nombre de Roma, el otro el de Cartago; i un cuadro simbólico representando la cabeza de un borrico, de cuyo hocico colgaba un látigo i una palmeta, era por su mudable colocación el castigo del vencido o el premio del vencedor.

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